Cobertura Qatar 2022

Informes: derecho a saber y obligación de informar



Principio central, que se debe entender y atender, es el derecho inalienable a saber, a enterarse de todo ser humano y de la sociedad en general; y, al mismo tiempo, la obligación ineludible de los servidores públicos, de informar y difundir, rendir cuentas puntual y apropiadamente.

Fechas de cumplir con la obligación anual de informar, por parte de gobernantes y funcionarios, tanto estatales como municipales. Oportunidad de pasar del dicho al hecho, del decir al hacer, del querer al poder. Informe anual, que solo es parte de una amplia, exigente e ineludible obligación de rendir cuentas, de todo servidor público.

Todos participarán en los programados actos de entrega del informe oficial correspondiente y su difusión; pudiéndose también analizarse en cada una de sus partes importantes y a cargo de los funcionarios nombrados.

Temporada estatal y municipal en donde se habla mucho del llamado "informe de gobierno" que, desde siempre y entre otras cosas, incluye en lo general, objetivos y medios, programas y acciones, logros y pendientes.

La sabiduría popular, aprovecha estos eventos y tiene la oportunidad de comparar lo dicho con lo hecho, el costo y el beneficio, así como los resultados de la administración correspondiente, en términos de déficit o superávit, de saldo a favor o incremento de la deuda.

De antemano, hay que resaltar que se trata del cumplimiento de un deber oficial ineludible, que exige datos, cifras y precisión en la descripción de los esfuerzos realizados, los recursos públicos aplicados, y las diferentes situaciones alcanzadas, en cada uno de los rubros o aspectos incluidos en dichos informes. Valiosa información para todos.

Por lo pronto, también hay que adelantar que se trata no solo de saber, sino también de entender y decidir qué es lo que se debe hacer, para atender las necesidades y prioridades sociales, así como resolver los problemas y conflictos existentes.

De ahí que es imprescindible evaluar y comprobar lo que se dice y lo que se hace, con lo presupuestado. Saber qué se han alcanzado y lo pendiente por hacer. Determinante y provechoso identificar logros y aciertos, pendiente por hacer y concluido, así como retrocesos y errores, si los hay.

Decir y hacer, se quiera o no, llegan al simple hecho de enfrentar la realidad, cuando se concretan formas y acciones, al expresarse o materializarse.  Informar por quienes son responsables, es comunicar, difundir conocimiento, experiencias y situaciones; es identificar el esfuerzo realizado y justificar lo mal hecho, lo pendiente por hacer y hasta aprender del error o la pérdida; es también, hasta una forma de invitar para incorporar ideas, explicaciones y apoyos.

Hay, al respecto, críticas y cuestionamientos que hay que considerar. Así se dice, que demasiados informes oficiales anuales, sirven para muchas cosas, excepto para informar y conocer la realidad presente del año fiscal completo. Se exaltan, algunos de los alcances de un esfuerzo o trabajo realizado, pero todavía falta considerar, lo que está por concluir y considerar, el importante mes de diciembre; así, la cuestión es como evaluar, todo tipo de resultados obtenidos, para determinar si se avanza o retrocede, si se pierde o se gana. Incluso puede afirmarse, que superficiales, incompletos y sin continuidad, poco sirven, para utilizar e integrar secuencial y comparativamente sus contenidos. En fin, mucho por hacer para informar y referirse a una realidad que, de muchas formas, se adelanta y hace presente.

Y los responsables de exigir, su seguimiento, control, evaluación y retroalimentación. ¿Cuál fiscalización? ¿Dónde está el poder legislativo?

Ante esta conocida y padecida costumbre, la realidad se impone. Lo usual, es que tarde o temprano se revelen y conozcan parte de esas informaciones, negadas, ocultadas, distorsionadas o substituidas; así como de los daños causados por decisiones mal sustentadas y equivocadas; y además, el cúmulo de oportunidades perdidas y potencialidades desaprovechadas.

Imposible ocultar y desatender: el cumplimiento del deber de informar, la simulación es su negación, y su substituto es la desinformación.

¿Cómo se toman decisiones sin información objetiva y verdadera, pertinente y actual? ¿En qué se apoyan la evaluación gubernamental y la social, y por qué no se difunden amplia y puntualmente? ¿"No pasa nada, todo va bien y viene lo mejor"?

Se ha dicho y hay que repetirlo, los informes no abarcan todo el año fiscal, se quedan cortos e incompletos. Por si fuera poco, se realizan en temporada de festejos navideños y fiestas de año nuevo, que rápidamente desplazan cualquier noticia o reacción de la población, que padece consecuencias de ineficiencia, ineptitud y corrupción. Incluso, la inercia del desinterés, la distracción y la simulación, también hacen que se pierda la oportunidad (y hasta obligación oficial) de señalar y explicar con objetividad y actualidad, los logros y avances obtenidos.

Por lo demás informar es una obligación ineludible, para todo gobernante, funcionario y servidor público. No es que quieran. Más bien, deben y tienen que hacerlo. ¿Cuáles son las sanciones o castigos previstos en las leyes? ¿Por qué no se cumplen y hacen cumplir?

En fin. El reto persiste y persistirá, en la teoría y práctica de la política, en el ejercicio y permanencia responsable de la buena gobernabilidad, lo que se debe atender, bien y a tiempo, es cumplir con la obligación de informar y facilitar, tanto el derecho a saber ciudadano y social, como el de evaluar a gobernantes y servidores públicos. Información pertinente, objetiva y disponible, base de la decisión y la evaluación, oportunas, correctas y confiables.

-Academico.IIESESUV @RafaelAriasH,Facebook:VeracruzHoydeRafaelAriasH


Más columnas

Paulina Ríos

Política a la veracruzana

Columna: Monreal gana a Layda, como en su momento ganó a Cuitláhuac


Respalda Remufever a coordinadora de Unidad de género de la UV; exige que saquen las manos actores externos

Columna: Hay obstáculos a vencer, como intereses externos a la UV, resaltó


Rafael Arias Hernández

Raymundo Jiménez

El olfato de Dante

Columna: Al pie de la letra