Un grito a tiempo

Columna: Francisco J. Ávila Camberos



En muchas partes del mundo existen organizaciones cuya misión  principal es ayudar a los demás de manera gratuita y desinteresada.

Apoyan fundamentalmente a las personas que no reciben ayuda gubernamental y para salir adelante requieren  de quienes por responsabilidad social y también por generosidad donan recursos para mantener activas a dichas organizaciones.

Estas se encargan de brindar entre otras cosas: becas a estudiantes pobres, rehabilitación a discapacitados; albergue, comida, ropa, transporte y medicinas a quienes de otra manera  no podrían pagar lo que cuesta lo anterior y de no contar con esos apoyos la mayoría de quienes los reciben, no tendrían manera alguna de  estudiar, de rehabilitarse o de sobrevivir a alguna enfermedad. Tampoco de  resolver una necesidad urgente cuando existe tanta pobreza.

Las organizaciones filantrópicas abundan en los países avanzados. Muchas de estas se financian con recursos aportados por empresas y ciudadanos, lo que les permite brindar apoyos a naciones en desgracia, a las universidades, a la Cruz Roja, a los Bomberos, a centros de investigación y a mejorar el medio ambiente; entre otras muchas cosas.

En México por desgracia muy pocas fundaciones existen. El individualismo nos ha llevado a olvidar el compromiso de ayudar a los demás.

Se critica a los donantes porque lo que aportan es deducible de impuestos y que muchos aprovechan esta figura para no pagarlos.

Esto es una gran falsedad.

Lo que casi nadie sabe es que por cada $100.00 que una empresa socialmente responsable dona a una organización previamente autorizada y frecuentemente auditada, deduce solamente  $30.00 de impuestos. Los otros $70.00 los aporta cada donante de sus propias utilidades, sin tener derecho a reembolso alguno.

Es decir, cada donante generoso termina pagando  más del doble de lo que se ahorra en impuestos.

En el nuevo presupuesto aprobado por la Cámara de Diputados para el 2022 se aprobó por mayoría la nueva Ley de Ingresos, misma que  limita las aportaciones que una empresa puede entregarle a una fundación altruista, previamente autorizada.

Esto pondrá en serios aprietos a quienes de manera generosa y a veces incomprendida, dedican su talento, tiempo y recursos a ayudar a los demás.

Ojalá y los senadores entiendan a tiempo el daño que esta Ley puede ocasionarle al país y les corrijan la plana a los diputados.

Están todavía a tiempo de hacerlo, antes de que esto no tenga reversa.

¿No les parece a Ustedes?

Muchas gracias y buen fin de semana.


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