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Bernardo: el exboxeador que murió en un asilo aguardando una visita de su familia

Sus hijas olvidaron a Bernardo en el Asilo Cogra, en Veracruz, su última morada

Bernardo: el exboxeador que murió en un asilo aguardando una visita de su familia

Una de las historias más tristes que ha visto María Teresa Mendoza de Infanzón, directora del Asilo de Ancianos Cogra es la del exboxeador Bernardo Abarca, quien falleció esperando a que su familia lo visitara.

“La historia de Bernardo Barca es muy peculiar. A él lo trajo una de sus hijas y resulta que tenía otros familiares, además de sus hijas”, recordó.

Frunció el ceño al contabilizar las pocas visitas de alguna de las hijas, que solo fueron una o dos, después de dejarlo en la institución para personas de la tercera edad.

“Creo que vinieron una o dos veces nada más. Solo fueron a verlo, pero nunca dieron un peso por él”, señaló la directora del Asilo Cogra.

Agregó que en un par de ocasiones se encontró en instituciones bancarias a una de sus hijas, a quien le reprochó la falta de visitas al señor Abarca.

“Incluso me encontré dos veces a su hija en el banco y le reclamé, le dije 'por gente como ustedes hay muchos ancianos abandonados'. Le pedí que mínimo fuera a visitarlo, que fuera a ver si lo tratábamos bien, si le dábamos de comer, a ver cómo estaba”.

Vivía otra vida

Por su edad, don Bernardo ya tenía demencia senil, algo que quizá fue favorable, pues le permitía vivir en su mundo de fantasías.

“Él solito inventaba sus historias, decía que tenía 300 hijos y como 400 vacas y que le habían dado una placa de oro, vivía en su mundo de fantasía, inventando sus historias y con eso él no sufría, porque él vivía en su imaginación”, manifestó.

Don Bernardo estaba acostumbrado a hacer ejercicios, por lo que la falta de sus dos piernas no le impedía seguir con sus rutinas cuando a él se le ocurría.

“A él le faltaban las dos piernas y cuando se ponía a hacer ejercicio, según él, sentado en su silla de ruedas se levantaba con sus dos bracitos para arriba y para abajo y ahí estaba haciendo ejercicios”, comentó.

A decir de la directora del Asilo Cogra, don Bernardo murió en espera de que sus familiares y sus hijas fueran a visitarlo.

“A muchos les pasa eso, quedan esperando que sus hermanos o sus familiares, hijos o nietos los visiten, los busquen, aunque sea para darles un abrazo o para preguntarles si están bien”, aseveró.

Lamentó que a veces hay familiares que se pasan de listos, porque saben que su hermano, su tío, su papá está en el Asilo Cogra y no llevan ni siquiera un bocadito para ellos, un paquete de pañales o algo.

“Yo siempre digo que debemos de aprender a sembrar para cosechar.  No enseñemos a nuestros hijos a abandonar porque si ven que yo abandono a mi mamá, ellos me van a abandonar a mí; entonces, mejor hay que poner el modelo de ayudar, de proteger, de dar.

"Estamos en el año de la generosidad, por qué no aplicar un poquito de esa generosidad que todo el mundo tiene en el corazón y decir 'hoy voy a ayudar a alguien de la calle, le voy a regalar una torta, un suéter, un bocadito.

"Voy a ir a un asilo a llevarles unos pañales aunque sea un poquito sería tan bonito”, concluyó.


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