Don Juanito, guerrero forjado en la adversidad; pandemia no lo doblegó

Juanito, como lo conoce la mayoría de personas del mercado Jáuregui, tiene casi 50 años trabajando en ese lugar emblemático de la ciudad. Se convirtió en un guerrero, cuando la parálisis fácil que le provocó el estrés al ver caídas las ventas con la pandemia, no lo doblegó.

Con su mandil y cubrebocas bien puestos, rodeado de frutas y verduras se ubica en la "Frutería García" en el local "Q 6" del mercado ubicado en el corazón de la capital del estado. Inició muy pequeño porque sus padres siempre se dedicaron al comercio. Recuerda que desde su niñez los acompañaba a vender verduras por diversos lugares de Xalapa. Fue por el año de 1975 que adquirieron el local y se establecieron allí.

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"Desde ese momento para acá crecí aquí, sí iba a la escuela, cursé la primera, la secundaria, la prepa y al prope (propedéutico) que antes era un año de prope para entrar a la universidad, pero por la situación ya no pude estudiar la universidad, había que atender el negocio o estudiar y me decidí por el negocio", rememoró.


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Juan García Sánchez tiene 59 años y tiene cinco hermanos que también siguen trabajando en el comercio informal.

Se casó a los 20 años y es padre de seis hijos, tres mujeres y tres hombres quienes heredaron el amor por las ventas por ellos se dedican a vender flores mientras que su esposa, aunque ha intentado también vender, pasa el mayor tiempo como ama de casa.

Cuando es día de comprar en la Central de Abasto, don Juan inicia su jornada a las 5:00 de la mañana, de lo contrario a las 7:00 para abrir el puesto cerca de las 9:00 porque la gente ya no acude tan temprano a comprar a diferencia de otras épocas en que se veía obligado a abrir a las 6 de la mañana en que empezaban a llegar los clientes.


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Me gusta mucho mi trabajo, dice con una sonrisa, aunque reconoce que una de las mayores desventajas de su trabajo es el riesgo de que la verdura se eche a perder, además de que ya se gana menos y las vacaciones para él y su familia no existen porque es muy demandante.

La sonrisa se borra de su rostro cuando recuerda lo difícil que ha sido sobrevivir a la pandemia; el estrés por el riesgo de perder el trabajo de toda su vida, le provocó una parálisis facial.


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"Fue muy difícil, el año pasado cerré seis meses y me enfermé, ha sido muy difícil, pero gracias a Dios hemos podido salir adelante, me recuperé pronto, entonces como no había venta, le preguntaba a mis compañeros cómo estaba el negocio, pero me decían que no viniera porque no había nada, ni se vendía nada. Entonces empecé a trabajar en otro lado, entre semana vendía flores con mi mamá, el fin de semana me iba a los tianguis a ayudarle a un sobrino y una hermana, porque nunca dejé de trabajar, me fui al campo también porque mi mamá tenía una parcela y me iba a chapear con el machete", recuerda con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada.


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Aunque hubo días complicados, nunca faltaron los alimentos en su casa donde vive con su esposa y dos hijas; el apoyo de sus hijos en esos tiempos más difíciles lo hizo fuerte y le permitieron salir adelante.

Para Don Juan es una bendición poder seguir de pie a más de un año de la pandemia, y agradece a Dios y a la vida poder conservar su empleo porque le tocó ver que muchos de sus compañeros, que después de tantos años de trabajar en el mismo espacio se convierten en su familia, perdieron la vida y otros cerraron sus locales.


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"Y pienso seguir aquí hasta que Dios me permita y me dé la vida, aquí seguiremos, fuertes, a mí me gusta mucho lo que hago, como aprendí de niño, me siento orgulloso. No me imagino haciendo otra cosa, pero si llegaran a cambiar las circunstancias, tal vez sí, pero a mí me gusta trabajar de lo que sea, porque mis padres me enseñaron, no le temo a nada, de lo que sea trabajamos", añadió conmovido.

Dado que la situación no termina de regularizarse para él y la mayoría de los vendedores del mercado, aprovecha para invitarle a la población a no dejar de visitarlos, de comprar y fomentar el consumo local y al mismo tiempo no dejar desprotegidos a las miles de familias en Xalapa que han dedicado su vida al comercio.



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