Alejandra ya no busca culpables, solo anhela recuperar a su hijo desaparecido

LAS SILLAS VACÍAS (PARTE 3)

“Déjenlo libre, yo no tomaría acciones”, es la súplica de Alejandra Burgos Guevara a los captores de su hijo, quien hace poco más de siete años fue desaparecido por presuntos policías en calles de Xalapa.

Eran las 2:30 de la tarde del 4 de septiembre de 2014. Alejandro Manuel Soriano Burgos, de entonces 29 años de edad, se preparaba para salir de su casa, cuando se acercó a despedirse de su madre.

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-Voy a un mandado, ahorita regreso- le dijo; quería que más tarde lo acompañara a comprar ropa para su hija, pues se acercaba la fiesta de un sobrino.



Alejandro Manuel besó a su madre en la mejilla y, sin decir más, salió de su casa y caminó hacia la esquina de la calle, donde lo esperaba, dentro de un Bora negro, su amigo ‘El Bimbo’.

El vehículo se puso en marcha hasta perderse de vista; sin embargo, ya no regresó.

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Las horas pasaron y Alejandra no tenía noticias de su hijo. Su corazón de madre le decía que algo andaba mal y la desesperación comenzó a crecer en ella.

“Como madres, tenemos un sexto sentido. Él siempre me avisaba si iba a llegar tarde y, desde que se fue, no recibí ningún mensaje. Eran las 9 y ya me empecé a angustiar, yo sentía que algo le había pasado”, relató.


Al otro día, Alejandra comenzó a buscar en hospitales, pero nunca lo encontró.

“Es la fecha que no sé qué pasó, qué le hicieron, por qué…”.



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Tras la desaparición de su hijo, Alejandra interpuso una denuncia ante el Ministerio Público; no obstante, las investigaciones continúan estancadas.



“Uno trata de buscar respuestas y que el Gobierno nos apoye, pero pasa el tiempo y el expediente está ahí guardado. Nos cambian de fiscal y vuelven a empezar a revisar el expediente”, reclamó.

Por el caso de su hijo han pasado tres fiscales, quienes, aseguró, nunca han ido a su casa a buscar pistas.

“Yo me desesperé, iba mucho al tarot y me decían que está muerto, que me lo habían despedazado… y mejor dejé decir porque lastiman a uno y, en realidad, no son cosas ciertas”.

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Cuatro meses después de la desaparición de Alejandro Manuel, su hermana recibió una misteriosa llamada, que en ese momento encendería una chispa de esperanza.

 -Ayúdame a salir del país y yo te digo dónde está el cuerpo de tu hermano-, le dijo una voz desconocida del otro lado del teléfono.

Pero cuando quiso responder a la petición, la llamada se cortó y jamás pudo volver a comunicarse con esa persona.

Fue hasta un año y medio después cuando la Fiscalía le proporcionó la sábana de llamadas, donde se indicaba que, el día de su desaparición, Alejandro Manuel se había desplazado de su casa a Las Trancas, de Las Trancas a Plaza Crystal y de allí de nuevo a Las Trancas, donde finalmente se perdió el registro.

“A mí me dijeron que lo levantaron los policías, pero en sí no sé qué tipo de policía, qué patrulla, si fue la Fuerza Civil, la Policía Estatal…”, señaló Alejandra, quien sospecha que su hijo pudo haber estado en el lugar y momento equivocados y que los verdaderos blancos eran sus amigos.

Y es que junto con Alejandro Manuel, también desapareció ‘El Bimbo’, quien días después fue hallado muerto, al igual que otros dos amigos en común.

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Ante la nula actuación de las autoridades, Alejandra ha emprendido una ardua búsqueda en fosas clandestinas del estado. También ha entregado volantes y participado en marchas, con la esperanza de que, algún día, alguien reconozca a su hijo y le dé pistas sobre su paradero.

“Es una incertidumbre el vivir día a día yendo en la calle y buscando el rostro de nuestros hijos, ver a un muchacho y decir ‘así estaría mi hijo’”, dijo entre lágrimas.

“Yo sé que si él pudiera salir, estaría conmigo. Él sabe cuánto lo quiero y voy a luchar hasta el final por verlo. Que no dude que, donde quiera que esté, lo seguiremos buscando… hasta que yo tenga vida”.