¿Y ahora qué hacemos?: política y más política



El domingo pasado se vivió, como ansiada final de futbol soccer, la elección más grande que se haya organizado en nuestro país. En México coexisten la realidad para todos y dos visiones mayoritarias cupulares de cómo abordarla.

La realidad para todos es que deseamos prosperidad: salud, seguridad, educación y empleo principalmente. Las visiones de COMO abordar o manejar esta realidad para convertirla en oportunidades para todos es el asunto en disputa: ¿conservadores vs liberales?; ¿chairos vs fifís? ¿Quién ganó y quién perdió en la elección?

Esta elección nos deja claro que existen dos bandos que nada tienen que ver con las cúpulas en el poder -la autonombrada 4T- ni los de la “mafia del poder”, poderes fácticos. Está claro que en México si existen los chairos, y los fifís, o los liberales y conservadores. Pero esa división no debería ser preocupante cuando las reglas del juego son claras para todos y se aplican decente y razonablemente por quien juzga: así es la democracia.

Esa idea, la del México dividido en bandos, es una apreciación manipulada e impulsada de quienes se disputan el poder: los que lo tienen desde el 2018 y los que lo tuvieron anteriormente; muchos con camiseta de diferente color, pero son casi los mismos personajes del elenco.  Ellos, los de la cúpula, se disputan el poder. Ellos si están divididos: entre los que lo tienen y los que lo quieren. 

Pero para los ciudadanos las necesidades y expectativas son las mismas para todos, con una forma de abordaje diferente que es utilizada por los intereses cupulares para la división y control social.

¿El resultado?

El resultado nos arroja un dictamen inobjetable: En México existen diferencias, en México la gente quiere paz, en México es imposible la aniquilación del bando contrario. México es uno y es de todos.

Más allá de las preferencias o simpatías, de las filias y las fobias, lo que nos arrojan estas elecciones son una fotografía de la realidad del país.

Creo que ganó el proceso democrático del país en un entorno principalmente convulsionado por los intereses cupulares.

Más allá de la estadística y los números que nos entretendrán en los días por venir con innumerables recuentos y proyecciones de expertos analistas cegados por sus propios intereses, a mí me guían 3 ideas básicas: reconocer la coexistencia pacífica de bandos, necesidad de conciliar, política y más política para que México no se estanque ni se hunda más. Es lo mismo que no hemos aceptado.

Pues sí, resulta que no ganó ningún bando, ni tampoco hubo empate.

¿Cómo?...  ¿y entonces?

Todos debemos aceptar finalmente la realidad: México es uno sólo donde existen dos visiones mayoritarias distintas que hay que poner de acuerdo en lo que nos une y hacer a un lado la expectativa de aniquilación del bando contrario. Y esta idea tiene que surgir a propuesta del Ejecutivo en funciones. También de que todos reconozcamos, que nos necesitamos.

Ese es el verdadero reto y resultado de la elección: que entendamos y aceptemos la coexistencia con quienes piensan diferente; que quién conduce la nación -el presidente de todos- no deje pasar la gran oportunidad, mediante el ejercicio de la política, para conciliar dos visiones diferentes con objetivos comunes.

La práctica de la política exige el reconocimiento del adversario, la negociación -que es cesión- y una salida digna para todos. No hacerlo sería el fracaso del político; abandonar la posibilidad de trascender como estadista.

¿Quién no quiere un México con justicia y respeto a los derechos de los demás, con certidumbre para inversión que genere riqueza; equidad en la distribución de esa riqueza, que de esperanza y oportunidad en base a los méritos y no genere frustración ni desencanto en los jóvenes; con mejores niveles de bienestar social para todos y siempre priorizando a los que más lo necesitan?

El resultado nos arroja un dictamen inobjetable: En México existen diferencias, en México la gente quiere paz, en México es imposible la aniquilación del bando contrario.

Más allá de las preferencias o simpatías, de las filias y las fobias, lo que nos arrojan estas elecciones son una fotografía de la realidad del país.

Y nos guste o no la fotografía, nos dice la realidad: con AMLO y sin AMLO Morena existe por las causas justificadas y legítimas que representa de la misma forma que existen las mismas necesidades -con una visión diferente de solución- en lo que fue el bando opositor PRI-PAN-PRD

Y ante la realidad no hay más que aceptarla y desarrollar a partir de ella con lo disponible y el concurso de lo que nos une y no lo que nos divide.


Más columnas




Raúl López Gómez

Ricardo Monreal: a la palestra

Columna: Raúl López Gómez


PUBLICIDAD


PUBLICIDAD