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EU-AMLO, presión electrizante

Columna: Al pie de la letra



Ante la presión de empresarios de la industria eléctrica y congresistas, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden envió hace tres semanas a México a la secretaria de Energía, Jennifer Granholm, exfiscal y exgobernadora de Míchigan.

El jueves 20 de enero, Granholm se reunió a puerta cerrada en Palacio Nacional con el presidente López Obrador y otros colaboradores, entre ellos la secretaria de Energía, Rocío Nahle, para analizar durante más de dos horas la iniciativa de reforma constitucional en materia eléctrica. 

La versión oficial fue que todo había sido miel sobre hojuelas. “Tratamos asuntos de interés para nuestros pueblos y naciones; prevaleció el respeto, el entendimiento y la voluntad de cooperación para el desarrollo”, escribió AMLO en redes sociales.

A su vez, Nahle confirmó a la prensa que sí se tocó el tema de la reforma eléctrica, aseverando que el encuentro fue “muy respetuoso”.

“Fue un diálogo muy ameno, muy respetuoso, tanto de la política energética de Estados Unidos como la de México y (hubo) una descripción breve de la reforma que presentamos, que es muy buena, y todo bastante bien, con mucho respeto”, comentó la titular de la Sener.

–¿Alguna preocupación al respecto del gobierno de Estados Unidos?, le preguntaron a Nahle.

“No, todo muy bien”, respondió la aspirante a la gubernatura de Veracruz.

–¿Se fue satisfecha la secretaria?, le insistieron.

“Sí, muy bien, fue un diálogo de alto nivel, muy respetuoso y (predominó), sobre todo, la buena relación y cooperación que tenemos con nuestro país vecino. Todo muy bien”, reiteró Nahle.

Sin embargo, este miércoles, en una breve rueda de prensa conjunta con el canciller Marcelo Ebrard, el enviado especial de la Casa Blanca para el cambio climático, John Kerry, expresó que lo que Estados Unidos quiere es “trabajar con México para fortalecer la posibilidad de que el mercado sea abierto y competitivo”. 

La noche anterior, la embajada estadounidense emitió un comunicado para subrayar “la preocupación sobre la propuesta actual del sector energético de México”.

Ambas declaraciones dieron un viraje a las posturas manifestadas la semana pasada. La administración de Biden había suavizado el tono después de que la visita de Jennifer Granholm terminara de forma agria, con el acento puesto en las desavenencias que cunden en Washington. El objetivo de la estrategia pasa por lograr un trato “justo y parejo”, en igualdad de condiciones, para los empresarios estadounidenses del sector energético y que no haya incumplimientos del tratado comercial T-MEC entre los dos países y Canadá.

El embajador Ken Salazar, quien diplomáticamente había dado un respaldo público a López Obrador para evitar que una posible aprobación de la reforma eléctrica repercuta en las inversiones y la apuesta de EU por las fuentes renovables, endureció su discurso luego de que a través de un influyente diario norteamericano pidieron a Biden su renuncia como representante en México.

Anteayer, Salazar declaró que “promover el uso de tecnologías más sucias, anticuadas y caras sobre alternativas renovables eficientes, pondría en desventaja tanto a consumidores como a la economía en general”.

¿Resistirá AMLO esta electrizante presión?


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