Cumbre entre iguales

Columna: Alma grande



En una reunión entre iguales cualquiera es libre de faltar, incluso de condicionar su asistencia si no se invita a sus amigos. Eso no puede llamarse sabotaje, porque sabotaje es ampararse ante toda obra pública que inicia el gobierno, pedir renuncias de funcionarios públicos cada mañana, exigir comparecencias para expliquen lo que a otros no les parece y sólo los distraen de sus ocupaciones. Eso es sabotaje.

No asistir a una reunión entre iguales por el simple hecho de que haya unos más amigos que otros, que es normal en toda comunidad, no implica una guerra contra el anfitrión, a menos que se le quiera responsabilizar a alguno de ellos de tener seguidores involuntarios, entonces estamos hablando de un líder no de un saboteador, hay que conocer el significado de las palabras y algo de política para entenderlo.

Si en los preparativos de la Cumbre de las Américas se anuncia que algunos países del continente no están incluidos en una lista escrita por la geografía y no por la política, y surge uno de los miembros para decir que se incluya a todos, no representa una rebeldía ante la Cumbre sino la exigencia de equidad que marca la ubicación planetaria de las naciones. Cuestión de altitud y latitud.

Acusar al presidente López Obrador de saboteador es entregarle el reconocimiento de líder regional, que, por cierto, se ha ganado a pulso; sin embargo, no es el caso ni viene al tema porque se habla de una junta entre pares, no de liderazgos. Porque ni es líder el anfitrión ni el huésped, todos viven en el mismo continente, Y esa casa no puede dividirse por las ideas diferentes.

Si es líder o no, podrá verse de manera muy clara con la reacción de los latinos, sobre todo, mexicanos, en los alrededores de la sede de la Cumbre, quienes seguramente protestarán por la ausencia de López Obrador y sus razones. En Los Ángeles, California, territorio estadounidense, el Presidente de México es un líder. No un saboteador. Su ausencia puede ocasionar un sabotaje pero no preparado por él sino por la necesidad de muchos mexicanos residentes del otro lado del frontera, que quieren verlo aunque sea de lejos.

En ese detalle ningún conservador de este lado de la frontera ha pensado. De nada servirían las vallas ni los caballos entrenados para rechazar violentamente a la gente. Lo realmente preocupante en ese momento no sería la realización de la Cumbre con todos o con excepciones, sino las elecciones de noviembre donde a partir de estos comicios los mexicanos —primera minoría ética en Estados Unidos —, pueden hacer ganar o perder a los candidatos de estados como California, Texas, Nuevo México, Illinois, Nuevo México, etc. Y la propia Presidencia.

No invitar a Cuba, Nicaragua o Venezuela es sólo un capricho comparado con lo que pueden perder si no los invitan. Estaría abriendo las puertas del poder a los candidatos republicanos. Lo cual convertiría, además a Biden en uno de los peores presidentes del vecino país del norte, actualmente con 31 por ciento de aceptación.

Es entonces cuando debe parecer un líder, no un saboteador, para crear equilibrios. Un líder no es el que deja sin fichas al contrincante sino el que gana la partida. En béisbol las carreras ganadas valen lo mismo que ganar con blanqueada que en extrainnings.

Comparar el actual momento con el pasado. Ver la vecindad presente montada en el pasado, implica no darse cuenta de lo que está alrededor. Toda amistad, vecindad, hermandad se transforma, se aleja o se aproximan sus integrantes, nada es igual y menos en política, pero quienes se empecinan en comparar presente con pasado se niegan pensar en el futuro y esto es un retroceso que descalifica a cualquiera como intérprete de la realidad.

Algunos sectores de la población en México añoran el pasado porque en él tuvieron romances con el poder, eso los hacía sentir diferentes, exclusivos, poderosos. La sorpresa es que somos todos iguales, las diferencias las marcan quienes quieren ver y los que tienen ojos en la nuca.

Hay todavía quienes creen que el sistema político de Estados Unidos es democrático, incluso hay quienes se arriesgan al ridículo al decir que es el país más democrático del mundo. Cómo poder ser democrático un país con sólo dos partidos políticos con raíces migrantes de todos los países del planeta. Ese país está hecho de migrantes y por ello hay más de 100 partidos políticos en la clandestinidad. Pareciera extraño que todavía hay quienes les creen más a las películas de Hollywood que a las noticas. Incluso existen resabios que aseguran que el comunismo existe y lo colocan como estandarte del apocalipsis.

Así el vecino país del norte se erige como un país democrático y sobre esa falacia impone como condición invitar sólo a sus amigos, que son ejemplo de democracia. Colombia, por ejemplo, donde se reprime a la población un día y el otro también, Brasil, donde el militar que gobierna el país es admirador de Hitler, entre otros.

Cómo puede ser democrático un país que financia golpes de estado como el de Chile, o matanzas de sus jóvenes en Vietnam, donde nunca hubo posibilidad de triunfo y engañaban a sus ciudadanos diciendo que faltaba poco para el triunfo final. Se retiraron de ahí como de Afganistán, Siria, Irak, etc. Eso sí vendieron muchas armas e hicieron un gran negocio. Esa es su democracia.

Así, Estados Unidos, anfitrión de la IX Cumbre de las Américas en junio, recordó que el respeto a la democracia es «condición» para participar en la cita; los presidentes de México y Bolivia ya supeditaron su asistencia a que no haya exclusiones.

Al parecer hay muchas formas de ver a los líderes, a la democracia, a los saboteadores, pero hay un solo sentido común que camina con la historia. Sólo hace falta consultarla.

PEGA Y CORRE. Mientras unos dicen que López Obrador tienen los guantes de boxeo puestos, sus respectivos gobiernos invierten conjuntamente cuatro mil 200 millones de dólares para modernizar la infraestructura fronteriza en materia aduanera, basada en el uso de la tecnología para detener el trasiego de armas, fentanilo y dinero "que va y viene"... Son otros tiempos...

 

/pn


Más columnas



Raúl López Gómez

Entre Adán o Eva para el 2024

Columna: Raúl López Gómez