Xalapa | 2023-09-21
Xalapa es una ciudad que con el tiempo ha ido creciendo; lo que antes eran terrenos deshabitados o casonas antiguas han dado paso a fraccionamientos y construcciones más modernas, además de inmuebles que cumplen con otras finalidades.
Un ejemplo de esto lo vemos en lo que hoy es la Unidad de Servicios Bibliotecarios y de Información (USBI) de la Universidad Veracruzana (UV), cuya edificación comenzó a finales de los años 90 y hoy es algo más que una biblioteca.
El terreno donde se encuentra es también un área verde con lagos e isletas, además de canchas para diversos deportes, un gimnasio de baloncesto y una sala de conciertos; sin embargo, era un sitio muy diferente durante el siglo pasado.
Y no solo eso, ese lugar estaba lleno de historias y leyendas que seguramente, si eres originario de Xalapa, tus padres o abuelos te habrán contado. A continuación, te traemos una de ellas.
Antes de que muchos naciéramos, la zona donde hoy se encuentra la USBI eran ya las afueras de la ciudad; sin embargo, la zona era visitada por muchas familias ya que se podía realizar días de campo, encuentros deportivos y diversas actividades al aire libre.
Esta zona de la ciudad era llamada La Alameda, aunque popularmente fue conocida por quienes habitaban Xalapa como los campos Juárez; es en este lugar donde por mucho tiempo se habló de la aparición de una extraña criatura, aunque hay quienes apuntan que eran varias.
Cuentan que una vez una persona salió a una noche de copas por esa zona; al terminar su parranda, sus amigos le pidieron quedarse en una casa cercana, lo que él rechazó y prefirió caminar por estos infames terrenos.
Ya era bien sabido por muchos que, en ese predio, se aparecía un enorme perro de color negro del que muchos decían salía fuego por el hocico y hasta por los ojos, y que quienes tenían la mala fortuna de encontrarlo debían huir casi al instante si querían salvar su vida.
Esto no le importó mucho a nuestro amigo, quien envalentonado por los tragos caminaba por los campos Juárez cuando, de la nada, un perro le salió al paso.
Al principio el sujeto no se intimidó, incluso le arrojó unas piedras para tratar de ahuyentarlo, aunque este no se inmutó. El infortunado sujeto, al recordar el relato del ser espectral que habitaba la zona, decidió torear al animal con su gabardina, sin que este se moviera.
Repentinamente, como golpeado por un rayo, el sujeto quedó inmóvil al ver que de los ojos del perro parecían salir chispas y su hocico, además de espuma, estaría emanando lo que serían lenguas de fuego, además que el tamaño del mastín había cambiado.
Olvidando el estado inconveniente en el que iba, esta persona decidió huir del lugar, aunque era perseguido por el enorme animal en una carrera infernal que, según se dice, duró por varias horas, hasta que el desafortunado varón logró llegar a su domicilio.
Se cuenta que este parrandero enfermó casi inmediatamente, quedando postrado en cama hasta que, después de unos pocos días, ya no despertó.
Desde entonces, cuentan que en los campos Juárez podía verse a esta misma persona, perseguida por un enorme perro del cual no puede escapar.
Hay quienes dicen que no era uno, sino varios los perros que se aparecían en esos campos; y no solo eso, estos animales eran acompañados de su cuidador, un hombre alto, con apariencia de caporal, que también estaría resguardando algo en ese enorme terreno.
Pero esa es una historia que guardaremos para otro momento.