sábado, 20 de abril del 2019
 
Veracruz - Boca del Río
Niños Down hacen travesuras como cualquiera, dice mamá
Veracruz | 2019-03-21 | Olivia Hernández Ortiz
En la sala de Terapia del Lenguaje un par de niños escuchan atentos un audio mientras ensartan una agujeta en taparroscas para entretenerse.

 


 

 

En otra aula los más pequeños se desarrollan sensorialmente.

 

 

 

Además de los terapeutas, en la casa que alberga a la Fundación Síndrome de Down Veracruz hay cuatro personas que dedican todo su tiempo y esfuerzo a los 15 niños que acuden de manera diaria a clases.

 




 

 

Claudia Karime Vidaña García es una de ellas. Cuando Karime tenía 37 años decidió tener un bebé. Sin embargo, sus posibilidades de embarazo se reducían a una fertilización in vitro.

 

 

 

Karime se sometió al procedimiento que fue vigilado por los especialistas.

 

 

 

Cuando Zoé nació, los médicos detectaron en ella trisomía, también conocida como Síndrome de Down, una discapacidad intelectual que es detectada en uno de cada 650 recién nacidos en México, y en uno de cada 800 a nivel mundial.

 

 

 

La discapacidad le llega a la gran mayoría de las mamás así, de manera fortuita, y pasan por diferentes etapas, platica Karime Vidaña mientras reconoce que recibir la noticia es un golpe duro para cualquier mujer que espera un hijo.

 

 

 

“Cuando el doctor me dijo que había sospechas pasé por la etapa de la negación, del rechazo, del duelo también porque al final del día se te mueren las ilusiones de un hijo que ya planeas en tu mente, es una decepción, una desilusión, y en ese momento lo ves todo negro. Piensas que va a sufrir de bullying eternamente y que no va a poder hacer muchas cosas que tú pensabas.”

 

 

 

Sin embargo, esa etapa a Karime sólo le duró 11 días. Y al vivir en Orizaba, se enteró que en Córdoba existe la Fundación Carol A.C. donde se brinda atención a los niños con Síndrome de Down.

 

 

 

Ahí, Zoé -que ahora tiene cinco años- recibió sus primeras terapias. Pero no sólo Zoé aprendía a adaptarse a un mundo teniendo una discapacidad intelectual.

 

 

 

Aprendizaje

 

 

 

Su mamá también aprendía que ella es una niña como cualquier otra, pero con un nivel de aprendizaje más lento.

 

 

 

 “Aprendí que las personas con síndrome de Down no son angelitos, no son personas especiales, no tienen ninguna situación angelical. Es un niño como cualquier otro con necesidades de aprendizaje diferentes al resto o al promedio, pero que salta, brinca, baila, corre, hace travesuras, aprende y que uno puede vivir una vida plena, feliz, y bastante digna al lado de una persona con síndrome de Down, esta parte de la transparencia de sus emociones y sus sentimientos es maravillosa.”

 

 

 

Hoy Zoé cursa el segundo grado de preescolar en una estancia infantil, tiene un buen nivel de lenguaje, practica gimnasia y la activación física es de sus actividades favoritas. Ha comenzado a leer y se convierte poco a poco en una niña funcional.
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