sábado, 19 de octubre del 2019
 
Por Cecilio García Cruz
Columna: Jesús te ampare
Veracruz… ¡joya de la corona!
2019-07-11 | 07:47:51

Por el contenido ríspido de su dimisión, Carlos Manuel Urzúa Macías, se comprende que se fue muy “encabritado” con su ahora exjefe, Andrés Manuel López Obrador.


Las discrepancias en el manejo de las políticas hacendarias del gobierno de la República, motivaron un ventarrón inesperado y la ruptura inevitable.


El propio Ejecutivo Federal reconoció en la “Mañanera” de ayer miércoles que “en efecto tuve diferencias con él, tuvimos posturas distintas sobre todo en la integración del Plan Nacional de Desarrollo; pero hay que garantizar el derecho a disentir. Respeto su punto de vista, pero no lo comparto”.


En Veracruz, la renuncia de Urzúa Macías, pese a que no se esperaba, no provocó angustias ni preocupaciones políticas.


Hay que puntualizar que el gobernador Cuitláhuac García tiene un trato directo con el presidente López Obrador, a quien acude en momentos de crisis política, económica y social.


Por cierto, el secretario de Finanzas y Planeación José Luis Lima Franco, uno de los más allegados a Urzúa Macías, al enterarse de la dimisión de su “padrino político”, prosiguió con su línea de trabajo que lo ha distinguido como un funcionario serio, eficiente y leal.


Ante el azoro envidioso de algunos adversarios, Lima Franco, asume una actitud de respeto, por lo que se dedica, con una férrea disciplina, a garantizar unas finanzas sanas y equilibradas para el bienestar de los veracruzanos.


Decía el ideólogo tuxpeño, afortunadamente paisano, Don Jesús Reyes Heroles: “seremos inflexibles en la defensa de las ideas, pero respetuosos en las formas, porque en política… la forma es fondo”.


Y destacaba la importancia de una buena imagen del político, ya que no solo hay que ser, sino parecer, además de sus declaraciones públicas; sobre todo sus incitaciones no verbales que en realidad son los mensajes que envía a la población.


Forma, imagen y mensaje.


Pilares indispensables de un buen gobierno.


Que son aspiraciones lógicas de los mandatarios, incluyendo a la administración de Veracruz.


Y, sobre todo, cuando Cuitláhuac García, es el Ejecutivo Estatal más salpicado de elogios por el presidente de la República.


El consentido del guía de la 4T.


Por ello, el gobernador está ante el mayor reto de su carrera política: “sacar al buey de la barranca”.


Tiene la obligación de colocar a la entidad en el sitio político que merece y explotar el potencial económico que existe, pero desaprovechado.


Cuitláhuac debe considerar que la historia juzgará su figura pública como gobernador de una de las entidades más trascendentes del país por su riqueza política, económica y social.


Veracruz es más que un Estado; es la joya de la corona política para López Obrador.


Ser gobernador de esta entidad es una enorme responsabilidad histórica.


Y más, cuando las dos anteriores administraciones defraudaron a los ciudadanos, que votaron, masivamente, por un cambio, no sólo de gobierno, sino de régimen.


Por ello, debe corregir, a la brevedad, los yerros que han abollado su imagen y lastimado al aparato gubernamental, porque primero está su responsabilidad política y después lo personal.


El mandatario y sus émulos musitan que no pasa nada, que los ataques mediáticos no son avatares, sino producto de la “grilla” natural en un cambio tan profundo como el que se busca en la entidad.


Parte de la clase política veracruzana y del país, tiene “en la mira” a García Jiménez porque, desde ahora, anhela poder y “le mueve el tapete”, arriba, abajo y en medio.


Las pulsiones de los perversos no pueden contener sus ansiedades y angustias, para verter sus ambiciones insanas, pueriles y cobardes.


 


Lo grave para Cuitláhuac es que también existe el famoso y traicionero “fuego amigo”.


Desde el interior del gabinete, unos cometen yerros infantiles que desprestigian la imagen ejecutiva y, otros, se mueven torpemente, abriendo brecha en busca de una sucesión todavía desdibujada.


Sin olvidar la curva de aprendizaje, que le ha costado muchos dolores de cabeza a la administración de MORENA, que aprende en carne viva de los resbalones de la inexperiencia.


De ahí que la administración estatal debe poner en práctica las viejas, pero muy actuales consignas de un buen gobierno: guardar las formas, mejorar la imagen personal y clarificar el mensaje.


Mientras, AMLO expresó ayer que Benito Juárez tuvo 30 secretarios de Hacienda en 14 años de gobierno y que la renuncia de Urzúa Macías, no genera sobresaltos, sólo es uno más que abandona el barco.

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