jueves, 25 de abril del 2019
 
Por Silverio Quevedo
Columna: En la mira
Winckler como el jibarito. ¿Quién falló?
2019-02-08 | 08:00:33

En el estribillo de la canción de Lamento Borincano, dice “… Sale loco de contento con su cargamento para la ciudad...” Y en otra estrofa del puertorriqueño Rafael Hernández, expresa:  “Y alegre, el jibarito va cantando así, diciendo así, riendo así, por el camino”.


Tal parece que se describe a la perfección como se retiró el Fiscal General del Estado, Jorge Winckler Ortiz anoche del recinto donde se jugaba su futuro. Y donde se le aplazó con vientos favorables, un poco más la decisión de retirarlo del cargo a través del multicitado juicio político.


Más aún, los diputados supieron tejer entre ellos, la falta de mayoría calificado. Hubo traidores, dicen, hubo cabildeo más efectivo para, por lo menos, hacer dudar a los de Morena y PRI de obtener mayoría en contra de Winckler.


Y fue por ello que se decretó que será hoy viernes cuando se reanude la sesión para poder votar ahora sí, la procedencia del Juicio Político contra el Fiscal. Trascendió que efectivamente hubo desleales, se mencionó por ejemplo a Gonzalo Guízar Valladares, quien es diputado por el PES, partido que en alianza con el PT y MORENA llegó a la gubernatura y Presidencia, pero para todos es conocido su cercanía al panista Miguel Ángel Yunes.


Muchos culpan al presidente de la Junta de Coordinación política, Javier Gómez Cazarín, otros al secretario de Gobierno, que en antaño y en otro sistema, sería el único responsable de la operación política en un caso de estos; y otros más llegaron a señalar al propio delegado federal, Manuel Huerta Ladrón de Guevara.


En el caso de éste último, para que no quedaran dudas, envió un comunicado y una postura sobre lo que ocurría en el Congreso Local. Respeto absoluta a los poderes, dijo el hábil funcionario federal, en un deslinde total de lo que ocurría, pues desde muy temprano quiso ser contundente: A mí no me carguen el muertito.


Y es que el “muertito”, estaba ya a punto de apestarse. El secretario de Gobierno que tanto pregonó la necesidad de sacar de la Fiscalía a la herencia de Miguel Ángel Yunes estaba viendo truncado su objetivo. Tema, ha repetido una y otra vez, que perjudica a la paz y democracia en Veracruz por la negligencia e ineficacia que se ha conducido el jurista, según Eric Cisneros Burgos. En antaño, desde esa dependencia también se operaba hacia el Legislativo, hoy, quizá Cisneros se apegó al respeto absoluto a la autonomía de poderes. No hay otra explicación.


Y finalmente, pero el primero de la lista, como al que le cae el mayor peso del fracaso que vivieron ayer en el Legislativo, es el presidente de la Junta de Coordinación Política.  Porque es en ese organismo donde se construyen los acuerdos políticos legislativos al más alto nivel.


De donde se dispone de recursos, donde se reparten las canonjías, donde se concentra el poder tras el poder, el timón del máximo órgano hacedor de leyes en un estado. Y que tal parece, el diputado por el distrito de Los Tuxtlas, no sabe para qué es el puesto, o le ha quedado muy grande, o quedó clara su inoperancia y peor aún, no sabe para qué sirve lo que tiene en sus manos.


Allí están los resultados. Condenado a la novatez, Gómez Cazarín, sumido como muchos en la soberbia política, carga con el fracaso de la inoperante sabiduría política desde la conocida Jucopo, es decir, eso y nada es lo mismo.


La pregunta es que desde fuera de la aldea se le está dando un seguimiento a lo que acontece de con la vida política de Veracruz. En el Altiplano están al pendiente y dan cuenta a las más altas esferas del poder morenista, paso a paso, los fracasos que en ese tenor, están acumulando los de Morena.


Por ejemplo, si Jorge Winckler no se va, las denuncias contra las administraciones pasadas no prosperarán.


Y esos aires de un nuevo Veracruz, de un estado sin saqueo y robo en sus gobiernos, de los que se ufanó, en su última visita, el presidente Andrés Manuel López Obrador pueden quedar en eso, sólo en un discurso. Sin castigo para los políticos criminales del pasado que simulaban compras de medicinas, equipos en hospitales y en materia de seguridad, dejando al garete a policías sin chalecos ni patrullas y armas con los que pudieran salvar sus vidas.


La salida de Winckler no es solo un capricho. Es un tema mucho más profundo, pero parece que Gómez Cazarín y el petista, al fin parte medular del proyecto Morena, Juan Carlos Pozos Castro, presidente de la Mesa Directiva del Congreso, están jugando a ser diputaditos. Le juegan a eso, al juego legislativo, al pavoneo, al lucimiento, a presumir el rimbombante nombre de decirse legisladores, pero no a cuidar los verdaderos intereses de los veracruzanos, y sin carácter para tomar decisiones cruciales en la política estatal.

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