miércoles, 19 de diciembre del 2018
 
Por Marco A. Medina
Columna: La escena veracruzana
Los enredos prianistas en Veracruz
2018-01-10 | 10:37:12
Pareciera que los precandidatos del PRI y del PAN quisieron seguirle los pasos a Andrés Manuel y hacer base en Veracruz para disputarle este importante bastión de votos al puntero en las encuestas.
Uno y otro se han hecho acompañar de los precandidatos a la gubernatura y uno y otro han cometido pifias y enredos de los que es difícil que salgan pues, como dice el refrán, su pasado los condena.
Y esto porque en el largo ejercicio del poder público, sus partidos, sus familias y/o los grupos de poder a los que pertenecen, ya vivieron lo suficiente en múltiples jugadas, ires y venires para seducir, o francamente engañar a sus electores, que es imposible no caer en contradicciones puntuales o francas incongruencias.
José Antonio Meade vino a fortalecer su poca presencia en las encuestas, tal vez queriendo encontrar el respaldo de la otrora invencible estructura priista veracruzana, suspirando por los ayeres en que Veracruz era el refugio más fiel para cualquier figura nacional. Meade parece el sustituto perfecto de Peña Nieto…pero para las pifias. Ya van dos sonados casos.
En Aguascalientes deseó que eseestado siguiera siendo conocido por su capacidad de generar empleo y…¡probreza¡. Asimismo, ha establecido una nueva tesis penal: “tenemos que estar claros de que la calle es para el delincuente y la cárcel es para el ciudadano”.
Claro que en los comunicados oficiales se rectificó: la calle para el ciudadano y la cárcel para el delincuente, pero la rectificación dio lugar a más burlas, habida cuenta de que el PRI es quien más ha aportado tanto a las calles como a las cárceles con distinguidos militantes.
Ahora, en Veracruz, quiere deslindarse de las actuaciones delincuenciales del Señor “N”, antes conocido como Javier Duarte, y dejar limpio y santificado el camino para que su excondiscípulo en el ITAM, Yunes Zorrilla, ya no cargue con esa culpa.
Pero ni el PRI está libre de culpas, ni Meade puede hacerse a un lado de la gravísima responsabilidad política que le corresponde cuando al frente de la Secretaría de Hacienda, de quien depende una unidad de inteligencia financiera, hiciera mutis sobre los claros desvíos que se venían haciendo de los recursos veracruzanos.
En el caso del PAN los intentos de deslinde van a ser mucho más difíciles de hacer, puesto que el precandidato es nada más y nada menos que el heredero del nombre de su padre, Miguel Ángel, y de su primer apellido, Yunes.
Si algo vino a verificar Ricardo Anaya,el supuesto nuevo hijo desobediente del sistema, son las dificultades de una precandidatura que carga con todo el peso de los malos resultados del padre.
Las declaraciones, entre exculpando y de deslinde, de Yunes Márquez respecto a Yunes Linares son clásicas de la lucha por el poder desde tiempos antiguos.
Pudiera ser que un experto en “superar” al padre, como Ricardo Anaya, le hubiera sugerido deshacerse lo más pronto posible de éste para poder crecer en votos. Como experto en psicología de autoayuda, Anaya bien le pudo sugerir a Yunez Márquez que para poder ser hay que matar al padre, sin mediar simbolismo alguno freudiano.
Esto llevado al terreno de la descarnada realidad política pudiera llevar al extremo de una tragedia schakespeariana. No será el caso en Veracruz, donde el hijo depende tanto del padre que una acción en este sentido equivaldría a un suicidio en toda forma.
Los enredos pueden llevar a la comedia o a la tragedia. O bien a su síntesis, la tragicomedia.
En tanto, López Obrador y Cuitláhuac García siguen en su plan de recorrer el territorio veracruzano sin necesidad de deslinde alguno, de negar el pasado, de atribuir culpas a terceros. Y entonces llevan ventaja pues pueden centrar su actividad en lo que hay que transformar, lo que hay que proponer, para lograr el cambio verdadero.

marco.a.medinaperez@gmail.com
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