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Inundaciones: Damnificados de segunda
 
 
Por Juan Gustavo Mercader
2017-10-12 21:06:45
Columna: Coloquio Político
 
La situación en el sur de Veracruz con motivo de las inundaciones que están asolando a la mayoría de los municipios es desastrosa. Más de 600 comunidades pertenecientes a Jáltipan, Acayucan, Cosoleacaque, Minatitlán, Ixhuatlán, Agua Dulce, Las Choapas, Hidalgotitlán y Minatitlán, se encuentran cubiertas por las aguas de ríos y arroyos. Incluso el área urbana de Minatitlán está padeciendo con este problema, el río Coatzacoalcos avanzó hasta el malecón y parte del Centro de la ciudad. Y en Coatzacoalcos, las colonias del poniente de la ciudad están aquejadas como es el caso de Villas de la Rivera y la colonia Electricistas.
Esta situación ha afectado a miles de personas que además de sufrir el daño a sus hogares y enseres, en muchos casos también han visto interrumpido su modo de subsistencia. Por ejemplo campesinos que han perdido lo sembrado, ganaderos con sus animales en medio del agua, comerciantes con su local anegado, cargadores desplazados y personas que prestan servicios y que fueron desalojados por la furia de los elementos.
Las pérdidas directas por las inundaciones son sensibles por los daños causados, pero se convierten en millonarias si tomamos en cuenta la actividad productiva que no puede realizarse de manera adecuada. Muchas de las víctimas de estas fatalidades están manifestando que no desean que se les considere ‘damnificados de segunda’. Pues, si bien los 369 fallecidos en el sismo del 19 de septiembre de 2017, son una tragedia terrible e incomparable, ya que hasta el momento por las inundaciones no se han presentado decesos. También, es verdad que en la práctica las consecuencias de la inundación en muchos aspectos son similares a las de los sismos, pues muchas familias pierden su hogar y patrimonio reunido después de años de esfuerzo.


Percepción desalentadora

La percepción de muchos de los afectados es que no se está haciendo lo necesario para apoyarlos y que logren superar la emergencia que viven. Por ejemplo, en Minatitlán para muchos fue desalentador cuando inicialmente el gobernador del Estado Miguel Ángel Yunes Linares, expresó “En Minatitlán no tenemos problemas mayores, sólo encharcamientos”. La difusión de la información hizo suponer a los ciudadanos que el mandatario no entendía la verdadera dimensión de su problema, el cual estaba en una fase inicial y evolucionaría hacia una emergencia mayor.
Después, cuando el gobernador encabezó una reunión de emergencia en la ciudad y recorrió las áreas afectadas, en compañía del presidente municipal Héctor Damián Cheng, quienes tuvieron la oportunidad de participar, cambiaron su punto de vista. Sin embargo, muchos ciudadanos se quedaron con la imagen inicial, experimentando una sensación de desamparo.
Otro de los golpes a la moral en Minatitlán, fue cuando se hizo evidente, en el malecón ribereño, que fallaron el sistema de cárcamos, el muro de contención con tabla estacas, las bombas y los ‘modernos sacos de gel’, que la CONAGUA y la CAEV implementaron para detener las aguas.
Pese a los cálculos optimistas de César Triana de la CONAGUA, que se atrevió a afirmar que llegó a desalojar hasta 4 mil litros por segundo de agua de regreso al río, el fluido sobrepasó las barreras y se extendió por la ciudad. Llamó la atención la perseverancia y el esfuerzo de los elementos del Ejército Mexicano. Un centenar de militares estuvieron trabajando llenando sacos y colocándolos en una labor que se prolongó por muchas horas, aunque al final resultó infructuosa.
Y entonces, a salvar lo que se pueda. Los previsores colocaron camas de ladrillos donde subir sus muebles y enseres. Otros amontonaron sus cosas en el segundo piso de la vivienda o de plano en el techo cubiertas con lonas. En estos apuros destacó la presencia de grupos de trabajadores petroleros de la Sección 10 del STPRM, que ayudaron a muchos de los afectados a movilizar sus pertenencias, incluso con el empleo de algunos transportes de carga.


Solidaridad Desgastada

Uno de los problemas que actualmente padecen los damnificados de las inundaciones es que la solidaridad de las organizaciones civiles y de los ciudadanos se encuentra ‘extenuada’. Las personas que normalmente donan los alimentos, el agua, artículos de limpieza y ropa, que son tan necesarios en estos momentos, no lo están haciendo como en años anteriores, por que acaban de hacerlo en beneficio de las víctimas de los sismos. Es difícil, volver a pedir a quien acaba de dar, generosamente, muchas veces ofreciendo no lo que sobraba, sino proveyendo mediante un sacrificio.
Por otro lado, los afectados han visto en la TV nacional múltiples y conmovedoras escenas del apoyo que todo el país prestó a los damnificados, principalmente a los de la Ciudad de México. Ahora los ciudadanos del Sur de Veracruz esperan que estas atenciones se las presten a ellos. Pretenden, que comprendan la trascendencia de las afectaciones que han tenido y las autoridades y la sociedad actúen en consecuencia.
En los grupos políticos del Sur de Veracruz han impactado los casos de los funcionarios del Gobierno del Estado que fueron destituidos por distribuir despensas con propaganda entre los damnificados, como Rafael Sánchez Abreu Ponce de la CAEV Coatzacoalcos, Ricardo Cabrera Férez delegado de Patrimonio en Xalapa y Mauro Sánchez Pola rector de la Universidad Tecnológica del Sureste. Así como, el caso del Colegio de Ingenieros del Estado de Veracruz, cuyo presidente es Juan Antonio Pinilla Rodríguez, a quienes se les detuvo y retuvieron despensas.
Estos dos temas han generado una lógica precaución en todos los grupos políticos, que no desean ser acusados de violar alguna ley electoral repartiendo despensas a personas que sean víctimas de una emergencia. El problema de esta cuestión es que desde la percepción de los damnificados los políticos se han apropiado de los recursos públicos y ahora en momentos de calamidades es elemental justicia que parte de esta riqueza se destine a las víctimas y no que siga siendo utilizada para derrocharla en corruptelas o en gastos de las elecciones.
El ciudadano siente que hoy es la oportunidad de los partidos para que regresen a la gente lo mucho que han usufructuado. Prefieren el apoyo oportuno en la desgracia, que el gasto multimillonario en pancartas, banderolas y serpentinas en el 2018. Y los partidos y políticos se escudan, la Ley no lo permite, quien se atreva a ayudar pagará con la cárcel.


Maniatan a particulares

Y para colmo, el profesor Guillermo Hernández Urbina, coordinador regional de Protección Civil, ha amenazado con proceder contra cualquier ciudadano que haga acopio de víveres o donaciones para los damnificados. Para poder hacer una labor altruista el funcionario exige pedir permiso ante Protección Civil. Quien no cumpla con este requisito está en riesgo de que se presente la fuerza pública en su casa, le decomisen los productos, e incluso, lo detengan.
Además del problema burocrático por la gestión, los ciudadanos consideran inaceptable esta situación, porque se intenta controlar el destino de lo recaudado y apropiárselo. Los ciudadanos no tiene confianza en las autoridades y los donadores prefieren que instituciones como la Cruz Roja reciban lo donado para asegurar que de verdad llegue a quien lo necesita.
Al Gobierno Federal le causó extrañeza que los donadores internacionales, artistas, empresas e instituciones, entregaran los recursos a fundaciones y a la Cruz Roja Mexicana. Esto no es raro pues los estándares de corrupción del país son escandalosos. Por ello, no es de extrañar que los benefactores prefieran dirigir sus recursos a instituciones diferentes al gobierno.
Quizás las intenciones de Hernández Urbina sean buenas, para evitar el desorden y se presenten vivales que aprovechen la situación, pues el profesor es un funcionario que en múltiples ocasiones ha demostrado su compromiso con la comunidad, pues su puesto de coordinador regional se lo ganó gracias a una trayectoria destacada como coordinador municipal en varias alcaldías de la región. Pero por lo pronto, la medida desalienta cualquier intento de solidaridad, no sea que si junto unas latitas de atún con mis vecinos, me caigan las huestes de Hernández Urbina y hasta en la cárcel acabe.



Acción y Unidad

El problema de las inundaciones en el Sur de Veracruz es un problema grave que afecta severamente a miles de ciudadanos. Que debe ser atendido con diligencia por las autoridades y debe contar con el apoyo decidido de toda la sociedad. Nuestros damnificados no son personas de segunda, que el problema sea recurrente y se presente cada año en lugar de movernos a la indiferencia, nos debería inducir a tomar medidas enérgicas para resolver el problema de fondo.
Incluso los partidos políticos y las organizaciones, deberían de participar intensamente ayudando a la gente y haciendo política con trabajo social solidario. Estoy seguro que contando con la mediación de la Cruz Roja Mexicana, podríamos encontrar mecanismos para que la ayuda fluyera y los partidos políticos pudieran regresar un poco de lo mucho que han ganado a la gente más necesitada.
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