jueves, 21 de junio del 2018
 
Por María Elvira Santamaría
Columna: En Pocas Palabras
Pemex, empresa pobre y directivos ricos
2017-10-11 | 20:56:47
En el año 2009 Felipe Calderón nombró al frente de Petróleos Mexicanos a Juan José Suárez Coppel. El oriundo de Mazatlán -presuntamente empleado de los mexicanos para administrar, cuidar y engrandecer nuestra principal industria-, ganaba un sueldo mensual de 195 mil 762 pesos, más sus prestaciones, seguro institucional, ayuda para canasta básica, choferes para él y su familia, sus tres seguros, prima vacacional de 35 días de sueldo, aguinaldo de 48 días, bonificaciones mensuales de más de diez mil pesos, la telefonía celular por 5 mil 750 pesos al mes, los energéticos para su vida personal, vehículos, préstamos, créditos hipotecarios, viajes, hospedajes y restaurantes.
Además, Suárez Coppel mantuvo contratos petroleros a su primo José Alfredo Coppel Salcido, propietario de Global Drilling Fluids de México, empresa constituida en 2003 cuando Suárez Coppel se desempeñaba como Director Corporativo de Finanzas de Pemex. Ni un año tenía de haber dejado Pemex, cuando ya trabajaba para una de las compañías, favorecidas por él durante su gestión. De lo que haya abusado nadie lo acusa ni molesta.
En la era Peña con Emilio Lozoya, de 2010 a 2016, la historia de Pemex no mejoró, pues el ahora ex director está señalado de utilizar los helicópteros de la empresa para uso personal y de haber recibido de Odebretch un soborno de 10 millones de dólares. La corrupción como vemos no desaparece; la diferencia está en los tiempos y la presión social que cada vez tolera menos el saqueo de las autoridades.
Las circunstancias que enfrentan los dos ex directores son diferentes: Suárez pese a corruptelas, está feliz, la libró. Lozoya en cambio, debido a confesiones hechas por empresarios brasileños que lo involucran en un caso que trasciende las fronteras, ha tramitado un amparo federal al enterarse de que la PGR lo investiga como imputado.
Es de suponerse que el actual director general de Pemex José Antonio González Anaya con sus programas de austeridad y recortes que le han permitido sacar la empresa a flote en el escenario más adverso -aunque sin tocar el coto de riqueza de los líderes sindicales-, esté poniendo el ejemplo en carne propia y haya renunciado al menos a algunos de los exagerados privilegios que se dieron sus antecesores y no esté favoreciendo a empresas de sus poderosos amigos y familiares.
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